Extracto de la entrevista realizada por Andrés García (Periodista interesado en Gestalt infantil)

¿Cuáles serían las reglas de oro para unos papás?

Lo primero es amor, amarse así mismo, amarse y aceptarse. Me amo como soy. Si ya me amo a mí puedo amar a los demás tal cual son. Y aquí es muy importante la diferencia entre amar y querer. Si te quiero te poseo y amar es amar para soltar.

Amar es vivir un buen vínculo hacia la desvinculación. La desvinculación empieza el mismo día que empieza el vínculo, porque ahí aprendemos a estar para no estar.
Para muchos papás hay todo un tema de cómo estar con el niño y luego ¿como lo suelto?, como lo dejo en el cole, en casa, como dejar que coja la moto, como dejaré que se vaya a vivir a otro país. Cuando se vaya a trabajar, y que a lo mejor le explotan…y yo me tengo que quedar quietecito mientras explotan mi hijo, pero ¡es su vida!

Entonces ¿por qué se hace «tan mal»? Por que en general ¡los padres quieren a sus hijos!

Es un tema de repetición de patrones. Lo puedes mirar desde la bioenergética, la biodescodificación o las constelaciones, lo podemos explicar por las neuronas espejo, me da igual, cada uno pone la palabra que pone pero el caso es que vamos por repetición.
Yo como mamá hago con mis hijos como buenamente puedo y estoy repitiendo lo que han hecho conmigo sea por copia o por oposición. ¿Mi mamá que hizo? Pues repetir lo que hizo su mamá con ella.
Por eso es tan importante el darse cuenta y la responsabilidad, para no caer en «como mi mamá hizo esto yo hago lo mismo», ¡no!Tu mamá ha hecho lo que ha podido, ahora autorresposabilízate y a partir de aquí a ver qué haces. Tampoco no es hacer lo contrario, ya que entonces también es desde la mirada a los papás y no a uno mismo.
A mí me ha servido mucho como Claudio Naranjo explica los tres amores. Trabajando los tres amores y trabajando a partir de «desde que amor me muevo yo». Hay papás que se mueven desde el amor admirativo entonces así crían a sus hijos: «…es que mi hijo ha hecho la carrera tal…es que mi hijo tiene tres años y ya sabe leer…es que mi hijo tal y tal…» El hijo que sigue este patron satisfará a los papás, pero ¿será feliz? y el hijo que no puede o no quiere satisfacerlos, ¿será feliz? el que con 7 años no lee… A estos papas no se les ha ocurrido que hay un amor que hay un amor incondicional, que es un amor de estar con lo que hay, o un amor más infantil y más auténtico y más espontáneo, te amo jugando. Estos papás aman desde el amor admirativo…porque a ellos les han amado así y no saben hacerlo de otra manera, ni se les ha ocurrido.
Tener compensados los tres amores, ¡esto es una idealización! Las mamás que están mucho en el amor incondicional, son mamás que ahogan, que tanto aman, que no le suelta, tampoco sería eso. Y el que está en el amor instintivo solo está en jugar y jugar y divertirse, no pone límites; que sería muchas veces el rol del papá… entonces las mamás son las que tiene que poner las normas.
Como terapeutas enseñamos que aparte de un tipo de amor, por ejemplo el admirativo, también hay otras formas de amar, vamos ayudando a que vaya abriendo la mente y la conciencia a otras formas. Si una familia está muy fijada en un tipo de amor, esto puede marcar muchísimo, aunque claro tampoco es tan estanco, normalmente una persona no está solo en un tipo de amor o en otro tipo de amor.
También hay que mirar como pedimos amor, hay niños que piden amor haciendo travesuras, es la manera que tienen y se ganan un cachete. A lo mejor la familia la única manera que sabe de amar y de mostrar amor es un cachete, porque un beso es una tontería, no se hace.
En esencia sería que si los papás y los maestros no ponen conciencia no se dan cuenta de lo que promueven y no pueden responsabilizarse, por eso mi tesis se llama Autoconocerse para acompañar al niño. Es importantísimo autoconcerse, saber los propios límites, las maneras y limitaciones, y a partir de ver qué puedo hacer.

¿El trabajo con el niño seria que explicite sus emociones y sus sensaciones?

«No des por supuesto, ¡pregunta!» Claro es que tienes frio, ponte el abrigo; o la frase: «ponte el abrigo que yo tengo frío» ¿Diría que estas temblando, que te pasa? Ayudarle a ir detectando sus sensaciones. Desde lo más simple. Vamos a preguntar si necesita algo, si se resfría, pues ya le ayudaremos a calibrar la vestimenta. Con la comida desnaturalizamos desde el primer momento, tienen que comer esto y aquello a estas horas, y el niño no tiene tiempo de tener apetito de sentir si le apetece comer más esto o más lo otros, dentro de unos límites que nos parezcan correctos, ¡pero un límite un poco ancho! Deja que el niño te diga cuanto le pones en el plato.

Pero…¿Cómo se pasa de la demanda al orden de comer tres veces al día?

Yo creo que hacer un equilibrio entre la libertad y los límites…¡aquí es un arte! ¿Cómo voy marcando límites? Poquitos, siempre digo poquitos, uno o dos, no más pero los que para ti sean tolerable y que puedas hacer que el niño cumpla.Porque si no los va a cumplir…vamos a perder el tiempo. Por ejemplo, solo se come cuando se está sentado en la mesa, o para comer hay que estar sentado en la mesa, ¡sólo eso!
Empezar por lo que se pueda, poner un límite que yo soy capaz de aguantar, de mantenerlo, porque si no, no lo pongas. Y que sea un límite que supongas que el niño lo podrá aceptar. Cuando vamos acostumbrándonos a que los papás ponen límites, podemos poner otro límite, pero primero tiene que entender que la organización de casa es con unos límites que por jerarquia marcan los papás.

¿Y cuál es el ABC para los padres?

Amar aceptando, el creer en el niño, creer en él, la autorregulación organísmica, aunque a veces nos parece una locura y que se nos va de las manos.
Esto sería para mí lo más básico, a partir de aquí… todo lo demás se va encajando. Escucha atenta, mirada atenta, si yo tengo en cuenta que el niño o niña tiene criterio, que no actúa para fastidiarme, que es lo que marca su criterio que no es el mío… ¡aunque a mí no me gusta porque no encaja con el mío!
Justo ayer un mamá me contaba como cuando le ha dicho a su hijo de tres años que se lavara las manos, él le ha pedido un momento para terminar su juego, que ella se ha esperado con él, estando presente en la espera, cuando ha terminado han ido a lavarse las manos…¡ha descubierto que el niño no tiene el mismo ritmo que ella! Y lo que hace el niño tiene una coherencia interna.
Si yo puedo como madre, o educadora, ver cuál es la coherencia de aquello, más allá de que a mí me fastidie, yo puedo acompañar al niño, desde ahí le puede decir, ahora no hay tiempo para esto, lo tenemos que dejar aquí … pero con respeto. Yo digo mucho a los papás: ¿esto se lo harías a tu mejor amigo?. Tú a tu mejor amigo le dirías gritando: ¡ponte el abrigo y la bufanda!!! o le gritarías a tu amigo: ¡Cómete todo lo del plato!
Se le atribuye maldad al niño y a mí me apena mucho, cuando se habla de un bebé que se despierta tres y cuatro veces y se dice que es para fastidiarme para que no vaya a trabajar. ¿Cómo crees? ¿Qué pasa aquí? Está haciendo una proyección, y si tú lo lees como proyección, si dice que el niño me está fastidiando …el papá está proyectando que él esta fastidiando al niño…
Entiendo que los niños juegan con los límites. Un niño de dos o tres años esta pasando la «primera adolescencia», quiere decir este soy yo y yo voy a funcionar así, y esto no me gusta.
A mí me desconcierta un papá de un niño de 2 o 3 años que me dice: es que puede conmigo, es que va a acabar conmigo. ¿Un «mocoso» de esta edad que tú lo pillas en volandas y lo sientas donde quieres y sin tener que hacer fuerza ni sin hacerle daño, no es un adolescente? Y te lo llevas en el cochecito, puede llorar y puede hacer lo que quiera. ¿Cómo qué te va a ganar? ¿En qué altura te estas poniendo? ¿Dónde te estás poniendo tú? Le estás dando la autoridad a tu hijo…¡ y aquí empieza el niño déspota!
Pero soy yo el que le estoy dando el poder, y luego tiene 5 y 7 años y hace lo que quiere. ¿Quién le está dando el poder? Cuando tú estas dudando de tu poder lo estás perdiendo, pero no es un problema del niño es un problema tuyo. Vuelve a situarte en tu sitio, pon límites claros, hazle obedecer y tu vuelves a tener el poder y a partir de aquí se da cuenta y el niño te agradece que tu tengas el poder, porque para un niño de tres años tener el poder es como si ¡a mí me dan el gobierno de Rusia!

Las relación padres-hijo es una relación de amor donde la verticalidad está permitida…

Es que tiene que haberla, ¡hay una jerarquía! Los abuelos, los padres, los niños…
Si yo tengo un niño que no duerme por la noche voy a ver qué hago yo, no el niño, no le voy a dar pastillas o gotas para que duerma. ¡Tengo que ver que hago yo, no que le hago al niño!
Otra manera es mirar sistémicamente, una mirada más amplia y ver hermanos de la mamá, posibles abortos y luego de los abuelos, y mirar si aquí hay algo que se está repitiendo. Esto lo podemos mirar a diferentes escalas, no es que siempre se tenga que mirar en todas, pero si dentro del núcleo familiar la mamá no puede darse cuenta, porque no es el momento o lo que sea, entonces vamos a mirar más amplio para ver si así tiene una pista y puede entender desde otra perspectiva.
Somos como hologramas, nosotros somos la información de todo el sistema familiar, de todas las generaciones. Así da igual con que perspectiva la mires y donde sea que lo mires, lo importante es que los papás se den cuenta y puedan acompañar a los niños.